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Sierra de Gata tres pueblos y una Ermita

15 marzo 2020
Ruinas de la ermita de la Virgen de la Peña en invierno

Ruinas abandonadas

Hay unas maravillosas ruinas abandonadas en un precioso lugar entre Perales, Cilleros y Hoyos.

Rodeadas de un denso robledal y protegidas por un imponente alcornoque, dormitan desde hace más de dos siglos en lo alto de la montaña conocida como el Canchal del Burro, cuando las tropas napoleónicas convirtieron una ermita en los vestigios que hoy conocemos.

Sobre ellos, el paso del tiempo y en el abandono han tallado un paisaje especial en el que los robles, los majuelos y las retamas conviven en

armonía con viejas piedras diseminadas por el suelo y otras que se niegan a aceptar el inexorable paso del tiempo y se empeñan en permanecer donde hace muchos siglos fueron colocadas.

Lugar estratégico

El lugar donde se asientan las ruinas es mágico, algunos lo llamarían un punto telúrico. La Almenara de Gata o el pico Dios Padre lo son también, y por ello igualmente allí la presencia humana ha sido muy temprana.

Los hombres han buscado para vivir los valles de los ríos, las llanuras y tierras fértiles, pero nunca han dejado de mirar a la montaña con admiración y devoción, también como lugar de refugio y vigilancia.

En esos puntos altos tan especiales se ubicaron templos y fortificaciones, desde allí los hombres defendían sus tierras o trataban de acercarse un

poquito más a sus dioses o a las incomprensibles fuerzas de la naturaleza.

Llegar a la Ermita

Llegar a la ermita es fácil. Podemos hacerlo desde una pista de cemento que recorre el valle del arroyo Valdelasheras y a la que podemos acceder desde Perales y también desde la carretera de Hoyos a Cilleros. Sin embargo, no debe despistarse el caminante: la pista acaba en una llanada improvisada como aparcamiento y presidida por un gran chozo de piedra construido imitando a los zahurdones sierragatinos.

Desde allí hay que andar todavía unos cientos de metros por un camino de tierra hasta la ermita, semiescondida entre la vegetación.
Hoy el paisaje no es el que era, el tremendo incendio de 2015 lo arrasó en buena medida.

Sin embargo, el bosque autóctono de robledal que rodea el Canchal del Burro ha demostrado su fortaleza frente a la adversidad y se recupera a buen ritmo.

Amplias zonas vuelven a reverdecer y en los lugares donde los robles quedaron carbonizados los retoños nacidos poco después de la catástrofe tienen ya una altura considerable.

Muy pronto la naturaleza habrá hecho su trabajo, las heridas abiertas por

la mano insensible del hombre se cerrarán y las ruinas volverán a lucir con sus mejores galas, como antaño.

Vídeo

Post de :

Muchas gracias por este doc y el vídeo. Agradecida de haber estado hoy ahí y encontrar luego está información . Gracias.RESPONDER

  1. Juan Carlos Doncel Domínguez8 de diciembre de 2019, 13:16
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