
LA PINGOLLA
CRUCES DE LOS CAÍDOS
Félix Barroso Gutiérrez.
No vamos a negar que ‘La Pingolla’ fue una columna que anduvo durante varios años peregrinando por varios periódicos analógicos. A veces, pidieron su cabeza en bandeja de plata, ya que nunca tuvo pelos en la lengua ni le asustaron las siniestras sombras. Con el nombre de la ‘pingolla’ llaman nuestros labriegos de los septentriones extremeños a la parte más alta de un árbol, desde donde se puede divisar vasta cantidad de terreno; incluso más allá del horizonte. De esta manera, teniendo tan buen observatorio, se puede radiografiar con pelos y señales el panorama que tenemos delante de nuestros ojos. Durante un tiempo que puede ser largo o corto, según se mire, ha estado hibernando dicha columna. Ahora, porque la ocasión así lo requiere y ‘mos vieni a güevu’, como diría un extremeño ‘jerrizu’; palabra esta que nada tiene que ver con el término ‘castúo’ ni el dios que lo echó, nos ha parecido oportuno sacarla de nuevo a la palestra y romper su letargo. Cada cual es dueño de opinar según le dicte su conciencia, siempre y cuando sea consciente que sus libertades terminan donde empiezan las de los demás. Ello no impide llamar a las cosas por su nombre, poner los puntos sobre las íes y las cartas boca arriba. Dicho lo cual, nos ponemos a ello
Nuestro empolvado todoterreno, marcado en muchas partes por las heridas de guerra en el continuo batallar entre los agrios terrenos, sigue a buen paso. Giramos hacia la izquierda y nos asomamos por ver cómo va el patio del mondongo ciudadano por la vieja y dura piel de toro. Ho, como no puede ser por menos, haremos parada y fonda por estas tierras por las que cabalgaron ciertos caudillos vetones y lusitanos en su lucha contra el imperialismo romano. Cierto es que, en tiempos más modernos, vino otro “caudillo”, que ni falta que nos hacía, a dejar las huellas sanguinarias de sus zapatos por nuestro solar bellotero. Visitas para inaugurar alguno de esos pueblos de colonización, que enriquecieron notablemente a aquellos terratenientes donde se instalaron los regadíos y donde asentaron a colonos, con certificado de buena conducta y adictos al “Movimiento” (régimen dictatorial franco-fascista). Medieros que, como su nombre indica, deberían entregar la mitad de sus ganancias y malvivir en casas sin luz y sin agua. Nada que ver el plan de colonización franquista con la Reforma Agraria que fue abortada por el golpe de Estado del 36. Venía “Paco Rana”, como le llamaban, por nuestros pueblos extremeños, a inaugurar también algún pantano y, de paso, alguna “Cruz de los Caídos” levantada como símbolo perenne del totalitarismo, larvado por el odio, la homofobia, xenofobia y supremacismo. Solo figuraban en sus placas los nombres de los soldados (en su mayoría, quintados a la fuerza) caídos en la guerra de sedición (civil la llaman, equivocadamente, algunos) y pertenecientes al bando golpista y no “nacional”, como nos han hecho creer.
LEY DE MEMORIA HISTÓRICA
Bien cierto es que, gracias a la Ley de Memoria Histórica o Democrática, han ido desapareciendo de nuestros pueblos toda la simbología franco-fascista, no sin el forcejeo con gran parte del ala conservadora, cuyos tics y emociones están plagados de fascistoides componentes. ¡Ya iba siendo hora! Ha tenido que pasar un porrón de años, tras la muerte del sátrapa, para que se acometa seriamente la limpia de esos símbolos, tal y como se hizo en la Alemania nazi y la Italia fascista nada más acabar la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué demonios hicieron durante ‘La Transición’, que tanto han ensalzado y continúan aún en sus trece los del “Régimen del 78”? Verdad como un templo que ya le quitaron varias capas del enjalbiego con la que la embadurnaron; pero jamás le perdonaremos el haber amnistiado miles de crímenes de lesa humanidad con aquella ilegal amnistía del 15 de octubre de 1977. Prevaricaron sus artífices, pues de sobran sabían que los crímenes de lesa humanidad no son amnistiables. Por lo tanto, esa absolución es papel mojado y no tiene valor alguno.
Todavía hay símbolos que se le resisten a la Ley de Memoria Histórica. No es extraño que, de vez en vez, alcemos la cabeza y veamos algún rótulo donde se lee ‘Avenida de los Caídos’. No está muy lejos de nuestro centro de operaciones y nuestro todoterreno puede dar fe de ello. Pero hablando de los ‘Caídos’, y no por tropezar en el suelo o por el devengo de réditos, es preciso que nuestro todoterreno frene en seco ante la gigantesca y tan traída y llevada Cruz de los Caídos que se alza en la plaza de América, en la capital cacereña. Continúa estando candente la noticia, ante la defensa numantina que hacen de ella los de siempre. Entre los más envalentonados en esa carcunda y carlistona trinchera, se encuentran cortando el bacalao los miembros de esa asociación que se denomina “Abogados Cristianos”. Desconocemos si son de misa y comunión diarias. Estos señores reducen su filosofía a que esa cruz ya fue exorcizada y se le perdonaron sus pecados. ¿Quiénes se los han perdonado? Es como si los que estamos metidos en los mundos arqueológicos, ante una estación prehistórica llena de grabados cruciformes (la cruz es un símbolo que se remonta a varios milenios antes que el cristianismo), llamáramos a un cura para que arrojase sobre ella una concha con agua bendita y, así, quedar rebautizada. ¿Acaso ese panel de grabados cruciformes iba a perder el carácter sacro que le otorgó el pensamiento mágico-religioso de nuestros antepasados? ¡No! Rotundamente, no.
ABOGADOS CRISTIANOS
¿Saben los vecinos de Cáceres quiénes son los que se cobijan bajo el rótulo de “Abogados cristianos”? Seguramente, que la inmensa mayoría no tiene ni idea. Pues habrá que decirles que esa asociación está presidida por doña Polonia Castellanos Flórez, a la que numerosos medios la relacionan con la secta paramilitar y ultracatólica, de origen mexicano, “El Yunque”, que ha sido desautorizada por la Iglesia católica. Polonia es la esposa de Alfonso González Rodríguez-Vilariño, candidato al senado por VOX en las elecciones del 28 de abril de 2019. Otro de sus patronos es Juan José Liarte Pedreño, que ha ostentado el cargo de diputado y portavoz de VOX en la Asamblea de Murcia. Así mismo, Norberto Domínguez, responsable de promoción y marketing digital de dicha Asociación Española de Abogados Cristianos, también fue candidato de VOX en las elecciones municipales de Villanueva del Pardillo. Con estas mimbres, ya me diréis qué tipo de cesta se puede vertebrar. Que nosotros sepamos, los cristianos de base nunca fueron homófobos, xenófobos, ultranacionalistas hispánicos ni practicaron políticas de odio. Imaginar los intereses que mueven a tal asociación para poner tanto empeño en mantener la Cruz de los Caídos de la plaza de América, es bien fácil. Basta con echar una mirada hacia las cavernas ideológicas de la ultraderecha y husmear las querellas emprendidas por tales abogados para cerciorarse de sus brochas blancas y su defensa a ultranza de la tiranía franquista, como han señalado diversos comentaristas políticos. En la misma procesión, van otros rosarios de gente que, aunque luzcan diferentes pelajes, se asemejan a las zorras, que cambian de pelo, pero no de mañas. Pero esto lo dejaremos para otro momento.
‘VIA VICINALIS’
Ahora, nuestro terreno enfila hacia los parajes de ‘La Morisca’, que se alzan sobre el viejo cordel de merinas, que no es sino la vía romana que enlazaba los enclaves de Cáparra y ‘Caurium’ (Coria) y que está pidiendo a voces su puesta en valor, a fin de realzar el turismo de calidad en la zona. Son varios los asentamientos y otros vestigios arqueológicos los que flanquean dicha ‘via vicinalis’. Incluso una ermita de factura visigoda, junto con endemismos botánicos y otras conformaciones geomorfológicas. ¿A que esperan, pues, los municipios afectados para mover el asunto…? Estas tierras están necesitadas de un Museo de Identidad, como centro referencial de su pasado, que abarca desde las huellas de los homos ‘habilis’ y ‘erectus’ (Paleolítico inicial) hasta tiempos tardoantiguos. Pero no es mucho pedir si exigimos que la puesta en valor vaya acompañada del correspondiente mantenimiento. No ocurra como con el centro de interpretación de la Mancomunidad de Tierras de Granadilla-Trasierra, que, tras el concienzudo trabajo de investigación de campo llevado a cabo por los quince municipios que la componen por el que suscribe, se cerró al poco tiempo de su construcción. Un buen puñado de páginas multidisciplinares conformaron el correspondiente informe, sin recibir un solo maravedí a cambio. Al menos, podrían haber sido consultadas, ya que el centro se vino abajo, para redactar las páginas de Wikipedia correspondientes a los pueblos de la propia mancomunidad. Da cierta lástima pasar las pupilas de los ojos por sus renglones, que hacen bueno lo que dijo en su día el científico alemán Albert Einstein: ‘Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas’. Todos de acuerdo, pues (¿o no es así?), en que ‘la enfermedad del ignorante es su propia ignorancia’. Perdona, amigo Amos Bronson Alcott, ínclito profesor y filósofo, que te rapte ese ataque de cordura.
CRUCES DE LOS CAÍDOS

